El mago,
ser único en su especie,
¡cuanto más se muestra!… es porque algo esconde…
y exagera, así, cada gesto,
cada emoción…
hasta el absurdo,
pero todos le creen;
el público (¡su público!), es más: le adora.
¡Una sonrisa!,
ya sabes…, es como empieza el asunto;
vestir colorido, cuatro palabras…
¡Etcétera!;
el anzuelo está echado:
ya nadie piensa.
«Llegó el momento», se dice el mago,
y entonces… ¡Plas! ¡El truco!
Y todos, a continuación (¡sí, todos!),
sin aplaudir le aplauden,
le ríen sin reír;
le quieren.
Y el mago, luego, se despide.
Pero cuando llega a su casa,
llora frente al espejo.
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